Ortega, símbolo de la evolución del marxismo al fascismo - TicoVisión
Escrito en 18/08/12 a 16:01:22 GMT-06:00 Por Administrador
Opinión-Análisis
"En Nicaragua, están recurriendo a la brujería y ritos satánicos, para proyectar la figura del jefe, Ortega Saavedra, como un ser situado por encima del común de la humanidad..."

Ortega, símbolo de la evolución del marxismo al fascismo - TicoVisión


18 de agosto de 2012 | TicoVisión | Redacción - | Opinión | San José, Costa Rica | Tribuna para el Libre Pensamiento



Del marxismo leninismo al fascismo orteguista



Por Roberto Escobedo Caicedo

Es casi un hecho inédito en la historia de los movimientos políticos que un régimen marxista-leninista evolucione en pocos años al fascismo, causando a los pueblos victimas de tales aberraciones toda clase de males, privaciones, confiscaciones de bienes de toda clase, pérdida de la libertad por sentencias emanadas de tribunales "populares" o de jueces y magistrados corruptos que transforman el poder judicial en instrumento de venganzas políticas. Pero más insólito es que el propio pueblo que ha sufrido una dictadura marxista-leninista, seguida del restablecimiento de las normas de la convivencia democrática, opte nuevamente por el mismo dictador que se pone a la moda de los tiempos con un programa de dominación fascista.

Nicaragua sufrió una criminal dictadura de corte marxista-leninista durante el período 1979-1990, ejercida por Daniel Ortega Saavedra, secretario general

del FSLN. Fue necesario que miles de compatriotas empuñaran las armas, encuadrados en las Fuerzas de Tareas de la Resistencia Nicaragüense para que los dirigentes sandinistas iniciaran pláticas de paz, las que no fueron más que una traición negociada a espaldas de los verdaderos Paladines de la Libertad entre los representantes del FSLN y de la contra. La mayor canallada fue que obligaron a los contras a desarmarse unilateralmente e internarse en territorio nicaragüense, mientras el FSLN quedaba con sus aparatos de terror, intimidación y chantaje intactos, convirtiéndose el pueblo nicaragüense en rehén permanente de una gigantesca banda de delincuentes uniformados.

Violeta Barrios de Chamorro fue miembro propietario de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, poder ejecutivo del primer gobierno sandinista. Conjuntamente con los otros miembros, Daniel Ortega Saavedra, Moisés Hassán Morales, Sergio Ramírez Mercado y Alfonso Robelo Callejas, firmó una suma impresionante de decretos represivos, el de las confiscaciones, creación de tribunales populares, etc. También se solidarizaron con todas las ejecuciones extrajudiciales que se dieron, sin que nunca hayan rendido cuentas al respecto. Porque es sorprendente que Nicaragua sea el único país donde han ocurrido graves violaciones de los derechos humanos de los ciudadanos sin que se haya nombrado ninguna Comisión de la Verdad. Absurdo fue que cuando convocaron a elecciones generales, 25 de febrero de 1990, una persona gravemente comprometida con todos los abusos cometidos por los falsos revolucionarios, fuera candidata a Presidente de la República por una coalición de partidos políticos opuestos al FSLN.

Políticos de tendencia fascista habían existido en Europa desde el siglo XIX, pero fue durante el período que siguió a la finalización de la primera guerra mundial que irrumpieron con gran ímpetu en varios países, donde lograron apoderarse de los respectivos gobiernos. El fascismo es tanto una ideología como un movimiento político, por cuanto impone nuevas formas de practicar la política y de implementar los programas de gobierno.

El proyecto político del fascismo consiste en instaurar un corporativismo estatal y una economía dirigida, mientras sus fundamentos intelectuales persiguen una sumisión de la razón a la voluntad y la acción. Es partidario de practicar un nacionalismo fuerte y proyectar externamente sus apetitos expansionistas. Pero la característica fundamental del fascismo es el ejercicio indiscriminado de la violencia contra sus enemigos, recurriendo a un eficaz aparato de propaganda. Es interesante que el fascismo no sea considerado un movimiento político de izquierda o derecha, aunque la mayoría de los escritores lo ubican en la extrema derecha, en la plutocracia.

Pero la característica fundamental del fascismo es que introduce usos exclusivamente militares en la acción política cotidiana. Su estrategia fundamental es el empleo sistemático de la movilización callejera y de la violencia colectiva organizada paramilitarmente para intimidar a la oposición política y darle notoriedad al movimiento. En general, los grupos fascistas y fascistizados emplean una violencia de masas, extensiva e intimidatoria, basada en raptos, palizas y actos humillantes. El terror individual o colectivo es un recurso secundario dentro de esta estrategia de lucha, pero podría ser utilizado si la ocasión lo requiere. La lucha por el espacio público, en la plaza o en la calle principal, es una importante manifestación de este tipo de política desplegada a través de la violencia fascista.

En Nicaragua lo estamos viendo que el régimen orteguista, convertido en un Estado fascista, aliado con el sector más aventurero del gran capital nicaragüense, ejerce su autoridad a través de la violencia, la represión y la propaganda, incluyendo la manipulación del sistema educativo. Sus tropas de choque son los paramilitares que trabajan en las empresas de vigilancia, específicamente la ALBA-VIGILANCIA, aunque ultimamente está recurriendo a los trabajadores de las alcaldías, sobre todo, los de la limpieza pública.

El fascismo italiano fue un totalitarismo centrado en el Estado, bajo la premisa que todo estaba subordinado al Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado. En cambio, el nazismo alemán estaba centrado en la raza y en las expresiones de apoyo popular al Partido y al Estado. Lo anterior quedaba resumido en las expresiones de ¡Ein Volk, ein Reich, ein Führer!, lo que equivale a ¡Un Pueblo, un Imperio, un Caudillo!.

Otra característica del fascismo es su estrategia de difundir su ideología y sus procedimientos. No juzga a los individuos por su responsabilidad personal, sino por su pertenencia a un grupo. En lugar de combatir a las diferentes confesiones religiosas procura entenderse con ellas, como ha ocurrido en Nicaragua. Durante la primera dictadura orteguista inspirada en el marxismo-leninismo, cuando estaban en la fase de implementación de la dictadura revolucionaria del proletariado, persiguieron a la iglesia católica llegando hasta expulsar del país a los ministros que no eran nicaragüenses. Hoy, ocurre todo lo contrario, porque en la etapa fascista del orteguismo se entiente muy bien con los diferentes grupos religiosos, llegando hasta tener a su servicio al corrupto Cardenal, Miguel Purificación Obando y Bravo, el que le ha reclutado a varios ministros que bajo la influencia del dinero se han sumado al coro de alabarderos del orteguismo.

El nazismo alemán era profundamente racista, mientras que el fascismo italiano lo fue a medias. La España del Generalísimo Francisco Franco incorporó al conjunto de principios y leyes conocidos como el Movimiento, algunos aspectos de los regímenes nazi y fascista, pero nunca fue racista. El dictador rumano, Mariscal Ion Antonescu, el que se hacía llamar Conducatur, equivalente de caudillo, también fue racista a medias. En Nicaragua, Ortega Saavedra, demostró las características racistas de su dictadura marxista-leninista, durante el período 1979-1990, desatando una guerra de exterminio contra las diferentes etnias de las Regiones del Atlántico Nicaragüense, desatando contra ellas las famosas "Navidades Rojas", cuando cientos de miskitos fueron asesinados y otros arrojados a las aguas del Mar Caribe desde helicópteros soviéticos MI-14.

En cambio, ahora que Ortega Saavedra es fascista, se entiende a las mil maravillas con los descendientes de sus antiguas victimas, las etnias de las dos Regiones Autónomas del Atlántico Nicaragüense. Utiliza zonas de la RAAN donde han construido pistas de aterrizaje para recibir los cargamentos de droga procedentes de los cárteles de las FARC y de Hugo Chávez, las que luego son entregadas a los representantes de los cárteles mexicanos. Esto le permite a Ortega Saavedra la oportunidad de disponer de dinero con el que satisface los apetitos de riqueza de los miembros de sus entornos familiar, político y militar.

Durante el período 1979-1990, Ortega Saavedra, en su carácter de abanderado del marxismo-leninismo en Nicaragua, confiscó miles de propiedades urbanas, rurales y acciones de sociedades anónimas. Después que se entendió con los que traicionaron a los miembros de las Fuerzas de Tareas de la Resistencia Nicaragüense, los llamados dirigentes políticos, contando con la complicidad del Presidente de Facto de Nicaragua, Antonio Lacayo Oyanguren, los orteguistas llevaron a cabo la llamada "piñata sandinista", operación gangsteril a través de la cual los altos mandos del Ejército Popular Sandinista, Policía Sandinista, Seguridad del Estado y dirigentes del FSLN, se adjudicaron las propiedades confiscadas a sus legítimos propietarios.

Ahora que Ortega Saavedra es un connotado fascista, en lugar de perseguir a los capitalistas y confiscarles sus bienes, se entiende con ellos a las mil maravillas y les garantiza la seguridad jurídica de sus propiedades. Tan sólo confiscan a uno que otro mediante el proceso de confiscaciones selectivas, para recompensar a "piñateros rezagados", como es el caso del criminal y ladrón de Edén Pastora Gómez. En reciprocidad, los dirigentes de esos capitalistas presentan al secretario general del FSLN como un gran estadista, el que les protege sus bienes y les permite explotar al proletariado nicaragüense, repatriando luego las utilidades obtenidas por este modus vivendi tan sui géneris.

Los regímenes nazi y fascista que existieron en Europa, para exaltar las personalidades de vulgares aventureros que ofrecían a los empresarios y capitalistas protegerlos de los avances del marxismo-leninismo, recurrieron a tendencias atávicas, extrayendo la figura del jefe de los límites de la racionalidad para exaltarla a la del mito.

En Nicaragua, están recurriendo a la brujería y ritos satánicos, para proyectar la figura del jefe, Ortega Saavedra, como un ser situado por encima del común de la humanidad, lo que es propio del folklore de todos los pueblos.

El autor del libro,"Nicaragua en la Conspiración del Silencio", previendo que estas transformaciones totalitarias se darían en Nicaragua, define al sandinismo como la unidad dialéctica del fascismo hitleriano con el marxismo stalinista.

El secretario general del FSLN, encarna en su persona y contando con los aplausos de los grandes capitalistas y empresarios, las características fundamentales de esa transformación totalitaria.




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