Manipulación de los símbolos patrios en Nicaragua: Silvio Avilez Gallo - TicoVisión
Escrito en 27/03/15 a 09:51:53 GMT-06:00 Por Administrador
Silvio Avilez Gallo
Lo increíble no es tanto la impunidad de quienes dispusieron abusivamente la modificación del escudo nacional, sino el irrespeto y el desprecio que demuestran las autoridades de gobierno por un símbolo que encarna y...

Manipulación de los símbolos patrios en Nicaragua - TicoVisión


27 de marzo de 2015 | TicoVisión | Redacción: TicoVisión | Categoría: Sociales | San José, Costa Rica | Tribuna para el Libre Pensamiento




Manipulación de los símbolos patrios



Por Silvio Avilez Gallo *
Escritor

    La bandera y el escudo nacionales constituyen la representación y encarnación de la patria, vale decir, la esencia misma de nuestra nacionalidad. A ellos debemos amor, respeto, abnegación, sacrificio, devoción y entrega.  Todos los países poseen sus propios distintivos.

    En el caso de Nicaragua, la bandera y el escudo actuales han pasado por varias etapas, que reflejan gráficamente la accidentada historia de nuestro país, desde su condición de provincia de la Capitanía General o Reino de Guatemala (hasta 1821), Estado de la República Federal de Centroamérica (1823-1838) y República de Nicaragua (a partir de 1838), pasando por el brevísimo interludio de la República Mayor de Centroamérica (El Salvador, Honduras, Nicaragua,1896-1898), último intento fallido por reconstruir la Unión.

    Pero en ese cambiante transitar hacia el presente, hay elementos que han permanecido constantes o bien han experimentado leves variaciones, como son los colores de la bandera —a saber azul y blanco— así como la combinación y formas de su despliegue: tres franjas iguales horizontales, siendo de color azul la superior e inferior y blanca la del centro, donde figura el escudo.  Éste, a su vez, ha sufrido algunas modificaciones menores, pero ha conservado, como característica, la forma de triángulo equilátero con dos elementos, uno periférico y otro central.

    Para fijar definitivamente estos símbolos, la Asamblea Legislativa aprobó el decreto  legislativo de 5 de septiembre de 1908, durante el gobierno del presidente Zelaya, que estableció definitivamente la bandera y el escudo de Nicaragua.  Pero ese decreto no fijó sus medidas, proporciones,  características y uso, omisión que fue subsanada mediante la adopción, por el Congreso Nacional, del Decreto 1908 o Ley sobre Características y Uso de los Símbolos Patrios de 18 de agosto de 1971, publicada en La Gaceta No. 194 de 27 de agosto de ese mismo año.

    Dicha ley dispone, entre otras cosas, la ubicación en lugar preferente de la bandera nacional cuando figure con pabellones de otros países. La bandera no debe utilizarse como adorno. Asimismo la ley, en su Arto. 49, dispone que el escudo nacional debe figurar impreso, en un solo color o en policromía, en la parte superior izquierda de la papelería que usan los Poderes del Estado, oficinas y entidades oficiales.

    No obstante que la ley prevé sanciones para quienes no cumplan con lo estipulado en el decreto legislativo 1908, desde hace algunos años el actual gobierno de la República, en violación y contradicción flagrantes de lo que establece el mencionado decreto, ha modificado irresponsablemente el diseño del escudo que figura como membrete oficial en la papelería de ministerios y oficinas públicas.  Este sagrado símbolo patrio ha sido profanado y reemplazado por un grotesco adefesio que altera visiblemente las especificaciones establecidas en el decreto 1908, al agregar leyendas, diseños y colores antojadizos. Asimismo, la bandera nacional se alterna en ceremonias oficiales con la enseña del partido gobernante, con preeminencia de ésta, lo que es una falta grave que no debe permitirse.

    Lo increíble no es tanto la impunidad de quienes dispusieron abusivamente la modificación del escudo nacional, sino el irrespeto y el desprecio que demuestran las autoridades de gobierno por un símbolo que encarna y representa a la nación.  Asimismo, resulta insólita la falta de patriotismo de los nicaragüenses, que aceptan pasivamente, sin protestar, este atropello a la dignidad nacional.

    En tales circunstancias, se comprende que ante la indiferencia, el desamor y la falta de interés de la ciudadanía por algo tan sagrado como es el escudo nacional, elementos extranjeros pretendan adueñarse de nuestro territorio y de nuestra soberanía, en contubernio con quienes están legalmente obligados a defender la dignidad e integridad de la patria.

    Sólo cabe concluir esta denuncia repitiendo el adagio: no lloremos mañana como niños lo que no supimos defender como hombres.



*  El autor es diplomático, fue embajador de Nicaragua en chile. Escritor y Analista Internacional

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